La orfebrería en la Edad Media.



Durante la Edad Media, la orfebrería designaba el trabajo de los metales preciosos, oro plata o  los entonces llamados cobre dorado, y las piedras preciosas y los esmaltes.

 Caliz y Patena de oro Merovingios
La orfebrería religiosa, que ha llegado en mayor número hasta nosotros por cuanto fue mejor conservada, incluye objetos de culto dedicados a Cristo, la Virgen y los santos, como estatuillas, relicarios y objetos de la liturgia tales como píxides y copones para guardar las hostias, cálices y patenas, incensarios, cruces, encuadernaciones de libros sacros y otros.

La orfebrería profana, compuesta de joyas, elementos de adorno y objetos para la mesa, se ha conservado menos porque a menudo fue fundida para recuperar el metal o para fabricar nuevos objetos, más acordes con la moda.

Caliz Merovingio


Los reinos merovingio, visigodo, etc. que nacieron después de las migraciones de los siglos III al V y que sucedieron al Imperio Romano, conocieron corrientes artísticas diversas e incluso antagónicas.

La primera Edad Media  y de la época románica de los siglos V al XII, los  Monasterios e iglesias encargaban infinidad de obras. Se hacían estatuillas o bustos relicarios en plata o plata sobredorada. Más adelante, los temas de la arquitectura gótica, pasaron también a la orfebrería: se hicieron obras muy complejas coronadas con filigrana, pináculos, calados... tanto en España como en Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, donde se destacaron los talleres de Siena en Venecia y Florencia.

La aparición de un arte cristiano acompaña la cristianización de Occidente y se expresa en objetos de culto.

Caliz de Derrynaflan

La orfebrería “cloisonné” o tabicada aloja esos elementos de color dentro de una red formada por alvéolos que será utilizada durante toda la Edad Media.
La práctica de inhumar a los muertos con sus vestiduras, vigente hasta el siglo VII, ha permitido encontrar en las tumbas un abundante material de joyas, adornos, armas y objetos de la vida cotidiana, en particular numerosas placas-hebillas de cinturón.

Píxide de plata
         

Alrededor del año mil se difundió una nueva estética, tanto en orfebrería como en arquitectura y escultura: más allá de su gran diversidad regional, el arte románico se caracteriza por una estilización que busca más bien evocar que representar la realidad. Estos cambios estéticos estuvieron acompañados por nuevas técnicas: el gusto por el color lleva al empleo privilegiado de piedras, en particular granates, y de vidrios de colores, acondicionados ambos conforme a dos procedimientos de engaste de la época.

El período gótico, a partir de mediados del siglo XII, implica un cambio en el ámbito de la orfebrería. París se consagra como capital europea de las artes preciosas.
Cruz con engastes
Detalle de Cruz de Lotario
“Cruz de Lotario”
Hasta el siglo XII, los suministradores de capital en las sociedades en comandita eran en su mayoría soberanos, iglesias y abadías. Los creadores de esas obras son casi siempre desconocidos para nosotros. Las obras son muy rara vez firmadas, y los documentos que permitirían identificar al creador y al comanditario, más escasos aún. Las técnicas de fabricación, en cambio, han llegado hasta nosotros gracias al testimonio fundamental del “Tratado sobre las diversas artes”, redactado en el siglo XII.

La orfebrería religiosa se diversifica. Los cruzados en 1204 y la consecuente llegada a Occidente de supuestos fragmentos de la cruz de Jesucristo. La necesidad cada vez mayor de los fieles de ver las reliquias y también la hostia llevó a fabricar relicarios-vitrinas y custodias. El desarrollo notable de la devoción privada se demuestra en pequeños objetos adornados con imágenes, que sirven como soporte para la plegaria.
Relicario llamado "De Pipino"


Al finalizar la Edad Media se produce un período de desarrollo sin precedentes del mecenazgo real y principesco, paralelamente a la presencia de coleccionistas tales como la reina Clemencia de Hungría o Luis de Anjou, hermano de Carlos V.

Evangeliario








El sello de la ciudad es impuesto por un edicto de Felipe el Temerario en 1275, y el sello de maestro por una ordenanza de Juan el Bueno en 1355, pero en el siglo XV todavía su uso no se había generalizado. Se permite identificar los cuños de 145 orfebres de la ciudad, inscritos sobre una placa de cobre frente a sus nombres, constituye un documento excepcional. De este período han llegado hasta nosotros más obras firmadas, pero siguen siendo minoritarias. Si bien las fuentes escritas permiten identificar nombres de orfebres, la mayoría de las obras se han perdido e, inversamente, las obras que han llegado hasta nosotros rara vez cuentan con un respaldo documental.


Por Alejandro Glade R.

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